
El rojo se apoderaba de todo, la gente vomitaba sangre, y los ríos que este rojo vómito colectivo producían bajaban por las calles más importantes hacia una dirección desconocida. Y mientras todo esto ocurría yo y mi rostro no veíamos que expresión mostrar.
El rojo corrió por la mesa para llegar a la alfombra. Luego avanzo por esta hacia la puerta y corrió por el pasillo hasta la escalera. Bajó por cada escalón hasta llegar al quinto piso, corrió por el nuevo pasillo y se metió por debajo de una segunda puerta, subió por el pie de una mesa hasta llegar a la superficie de esta. Estaba lisa y limpia, era perfecta, corrió muy rápido hasta llegar a la ventana y en ese momento voló por los aires hasta llegar a un lugar desconocido.
