Un día, cuando lo estaban haciendo en un telo, los dos completamente desnudos y provocando un verdadero terremoto en el sillón y el piso, se dio cuenta de que a ella le gustaba mucho más llamarlo Luciano que Nicolás, porque éste siempre estaría asociado al apellido Campriglia. Y si bien la idea de acostarse con su profesor era excitante al principio, al poco tiempo fue superada por la de acostarse con un perfecto extraño.
